
La
vejez no es una enfermedad, es un proceso vital. Es evidente que a medida que
van pasando los años, algunas de nuestras capacidades físicas van menguando,
cambia también nuestra situación profesional, personal y familiar y tenemos que
enfrentarnos a las nuevas realidades que
surgen día a día en nuestras vidas, todo lo cual exige una enorme
capacidad de adaptación. Sin
embargo el envejecer tiene también sus ventajas, para mucho supone una liberación de la obligación
de trabajar, la cual debería reemplazarse por la voluntar de estar ocupados, ya
que disponemos de más tiempo para hacer muchas de aquellas cosas que nos gustan
y que hemos ido posponiendo; también es fin de las vagas y frustrantes
ilusiones, nos volvemos más pragmáticos, mas realistas y nos encontramos ante
la expectativa de empezar la aventura una nueva de vida afrontando nuevos retos
para aprender y emprender nuevas actividades y dedicarnos a todo aquello que
nos queda por descubrir...
Muchas
de las cosas que antes eran fundamentales en nuestra vida, ahora van pasando a
un segundo plano y podemos usar esa energía para otras cosas. Podemos expresar
nuestra creatividad, una creatividad madura, que se convierte en la esencia de
lo que somos, de lo que hemos vivido, de nuestra experiencia y que podemos
transmitir a los demás, a las nuevas generaciones a través de alguna actividad
de carácter técnico, artesanal o artístico.
Los
años han dejado huellas, las arrugas, ese testimonio esculpido en nuestra piel
representan todo lo que hemos vivido, bueno y lo menos bueno… Cada etapa de la
vida tiene su forma y su expresión, no tiene sentido pretender parecer lo que
no somos, es decir jóvenes físicamente hablando, aunque anímicamente seguimos
siéndolo; sobretodo nosotras las mujeres, debemos aceptar el paso del tiempo y
aspirar a un tipo diferente de belleza, una belleza que sale de dentro y que irradia seguridad, confianza y
sabiduría.
El hecho de hacerse mayor implica la responsabilidad de crear cada uno
su propia realidad de vida en esta etapa de la vida, porque hacerse mayor, o
sea, envejecer es un proceso que toma tiempo, a los humanos nos ocurre como a
los buenos vinos, los mejores, los más sabrosos, son aquellos que han ido
madurando poco a poco, durante años, en las mejores condiciones. Por eso
insisto en que conviene empezar a preparar esta importantísima última etapa de
nuestra vida con cierta antelación, al acercarnos al final de la madurez,
empezando por cuidar un poco más de nuestra salud, tanto física como mental adoptando
hábitos saludables, fomentando en nuestro tiempo libre aquellas actividades
recreativas que más nos llenan y nos gustan, sin dejar de aprender algo nuevo
cada día, evitar estancarnos, por pereza o miedo, adaptarnos a los nuevos
tiempos, sin perder nuestros valores, ni nuestros principios, manteniendo
nuestra curiosidad, nuestra motivación por conocer y conocernos cada día más,
buscando el llegar a ser mejores personas.