¿Si pudieras viajar en el tiempo
a qué época, o momento de la historia te gustaría viajar?
A Sara, no le dieron la
oportunidad de elegir. Caminaba apresurada por las callejas de la parte antigua
de la ciudad buscando la perfumería
que su jefe le había indicado donde podría encontrar el Quorum, una
colonia que Don José usaba desde
sus años jóvenes y que últimamente a pesar de todo su empeño, no
encontraba por ningún sitio. Había recorrido todas las grandes perfumerías del
centro, ni siquiera en el Corte Inglés lo pudo hallar. Finalmente, la
dependienta de una perfumería le
dijo que habían dejado de fabricarlo, pero que tal vez encontraría algún frasco
en una tienda muy antigua situada en el barrio gótico, en el centro de la
ciudad cuya dirección le apuntó en una nota.
Al llegar a la oficina le entregó
la nota a su secretaria con el encargo de ir a primera hora a esa dirección y
comprar todos los frascos que tuvieran en existencias.
Eran las 11 de la mañana cuando Sara
se presentó delante de una tienda de aspecto muy anticuado, con un pequeño escaparate de cristales
enmarcados en madera, donde se
amontonaban con poco sentido estético, colonias y perfumes cuyas marcas en su
mayor parte no conocía así como objetos de tocador claramente del siglo pasado.
Empujó la puerta de madera que se abrió haciendo sonar una campanilla y entró
en la tienda que estaba en penumbra y saludó a un hombre muy mayor de pelo
blanco y gafas sobre la punta de la nariz con una bata de color azul desteñido que
se acercó con una sonrisa algo forzada para preguntarle lo que deseaba,
mientras ella le ofrecía su mejor sonrisa y le preguntaba por la colonia
Quorum. El hombre se la quedó
mirando pensativo, fijándose en un
pequeño tatuaje en forma de paloma que ella tenía en la muñeca, se rascó la
cabeza y antes de irse hacia la trastienda, le preguntó, ¿sabe Vd. lo que
significa quórum, señorita? No Señor, le dijo Sara. Y el le respondió mirándola
fijamente, es una expresión latina que significa “de ellos”, o sea como uno de
ellos”… y desapareció por la puerta de la trastienda, mientras ella se quedaba
delante del mostrador curioseando, que extraño parecía todo en aquel lugar y
pensó que al igual que otras muchas tiendas del barrio no tardarían en echar el cierre ya que no le
parecía que tuviera mucho éxito comercial.
De repente oyó un estruendo que
procedía de la trastienda y un quejido, se acercó intentando asomarse desde el
mostrador, pero la salita estaba muy poco iluminada. Preguntó, ¿Señor, señor,
se encuentra bien? A modo de respuesta oyó un nuevo quejido, preocupada rodeó
el mostrador y entró cautelosamente en la trastienda que estaba llena de cajas,
al fondo una puerta estaba entreabierta y se podía ver una tenue luz. Empujó la
puerta, preguntando, ¿Señor está aquí? ¿Se encuentra bien? No hubo respuesta.
Siguió por un pasillo en
semipenumbra hasta llegar a un patio soleado, se sorprendió de ver la actividad
que había en él, unas personas
ataviadas con ropas otros tiempos, de tipo medieval corrían de un lado para
otro llevando cestos con comida y jarras llenas de vinos. Pensó que podía
tratarse de algún escenario para una película, buscó pero no vio al anciano de
la tienda. Siguió caminando hasta unas escaleras que se adentraban en un recinto
muy rústico, hecho de piedras y ladrillos que le pareció como una casa, siguió subiendo
hasta que observó que a lo largo
de la escalera había unos ventanucos
alargados muy estrechos, miró por uno de ellos y se quedó asombrada,
¿cómo había podido llegar hasta allí? de repente supo que se encontraba en un
castillo medieval en lo alto de una colina. Abajo en una pequeña llanura, unos
soldados vestidos con cotas de mallas estaban levantando una pira muy grande,
junto a ellos un grupo de hombres que parecían religiosos, vestidos con unos sayos de color oscuro blandían unos crucifijos. Dentro del castillo y por la escalera la
actividad era incesante, un hombre se paro delante de ella y se la quedó
mirando, sorprendido por su
atuendo no acorde con los tiempos, ella se echó la mano para taparse la
boca en señal de miedo. El la cogió de la muñeca y señaló la paloma, mirándola
con amabilidad e interés le dijo “Quorum, Consolamentum” y la guió hacía una
sala donde un grupo de hombres y mujeres estaban realizando un ritual sagrado.
En su mente resonó la palabra “Montsegur”, recordó aquel viaje que hizo con
unos primos hacía unos años por Occitania y entendió que estaba junto a los
últimos cátaros que iban a ser sacrificados por la inquisición allá por el
siglo XIII y ella era parte del Quorum.


