Extraído de Juntos pero no atados (Ed. Amat), de Jaime
Soler y M. Mercè Conangla
Un día, Meher Baba preguntó a sus mandalíes:
- ¿Por qué las personas se gritan cuando están enojadas?
Los hombres pensaron durante unos momentos.
- Porque pierden la calma- dijo uno-, por eso se gritan.
- Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu
lado? –preguntó Baba-. ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿por qué gritas a
una persona cuando estás enojado?
Los hombres dieron algunas otras respuestas, pero ninguna
de ellas satisfacía al maestro Meher Baba. Finalmente, él explicó:
- Cuando dos personas están enojadas y discuten, sus
corazones se alejan mucho. Para cubrir esta distancia, deben gritar para poder
escucharse. Mientras más enojadas estén, más fuerte tendrán que gritar para
escucharse la una a la otra a través de esa gran distancia.
Luego, Baba preguntó:
- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Pues que no
se gritan, sino que se hablan suavemente, ¿por qué?... Sus corazones están muy
cerca. La distancia entre ellas es muy pequeña.
Los discípulos lo escuchaban
absortos y Meher Baba continuó:- Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? Los
enamorados no hablan, sólo susurran y se acercan más en su amor. Finalmente no
necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es, observad lo
cerca que están dos personas que se aman. Así pues, cuando discutáis, no dejéis
que vuestros corazones se alejen, no digáis palabras que los distancien más.
Llegará un día en que la distancia será tanta que ya no encontrareis el camino
de regreso.
