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viernes, 12 de febrero de 2016

El sentido de la vida



Con el paso del tiempo, cuando hago balance, siempre aparece la misma pregunta ¿y cual es el sentido de la vida?  Si bien ya he entendido algunas cosas como resultado de decisiones, hechos, situaciones fortuitas y sincronicidades que han ido dando forma y orientación a mi vida, sigo preguntándome, lo cual me parece una actitud muy sana que me mantiene alerta y me motiva por seguir aprendiendo y avanzando, eso sí, a estas alturas de mi vida y ya que puedo permitírmelo en cosas que me gustan especialmente y me permiten crecer y sentirme bien y en paz conmigo misma.

Porque ¿que es la felicidad? Yo tengo muy claro que no es ese estado ilusorio de bienestar y perfección que podemos alcanzar rodeados de bienes de consumo, que si bien en algunos casos nos pueden agradar o facilitar la vida solo nos dan una felicidad pasajera. La felicidad se encuentra a ratos, la encontramos en las cosas de nuestra vida diaria, yo me siento muy feliz viendo un amanecer, una puesta de sol, leyendo un buen libro, escuchando una música que me guste o viendo una buena película, una fotografía y cuando mis hijos o demás familiares o amigos consiguen algún éxito, cuando mi familia me felicita sinceramente por una buena comida, cuando veo que los pacientes evolucionan, reorganizan su mundo o su mente y se sienten mejor, etc.

Pienso que mucho más que buscar la felicidad que es algo que la vida se encarga de ir entregándonos a diario por goteo, es más importante, al menos para mí sentirme en paz conmigo misma, lo cual no siempre resulta fácil, exige esfuerzo y honestidad conmigo misma. Pero le pongo empeño y consigo unos resultados bastante buenos por momentos y esos momentos se convierten casi en una "experiencia religiosa"...

Volviendo al sentido de la vida, creo que puede ser eso, aprender a entender el mundo y a conocernos mejor para poder acercarnos a entender a los demás.


Y para Uds, ¿cual es el sentido de la vida?

viernes, 27 de marzo de 2015

¿Y qué pinto yo en esta vida?


¿Vds. Nunca se han planteado  esta pregunta? Posiblemente en esos momentos en los que nos sentimos ociosos, desmotivados, decepcionados, vamos por la vida sin rumbo, perdidos. Que conste, si les sirve de consuelo que esto nos ocurre a todos en algún momento.

¿Y que podemos hacer en esos casos?
Podemos aprender a salir de nuestra zona de confort, de ese pequeño mundo en el que vivimos y donde nos sentimos seguros, atractivos, muy listos y hasta geniales. Y cuando aparece alguien que nos dice algo que va en contra de la idea que tenemos de nosotros mismos en ese mundo privado, nos duele y nos afecta porque en ese mundo estamos centrados en nosotros mismos. En esa burbuja que constituye nuestra zona de confort, tratamos de evitar cualquier cosa que nos moleste, que venga a interrumpir nuestra comodidad.

Ese temor a sentirnos mal hace que sintamos ansiedad ante la posibilidad de relacionarnos con los demás, influye negativamente sobre nuestra vida social y afectiva y como no queremos sentirnos mal evitamos implicarnos en temas complicados, lo dejamos para más adelante, por miedo a fallar.

Cuando alguien hace o dice algo inmediatamente lo relacionamos en función de cómo ello nos afecta, sentimos, rabia, dolor o enfado. Queremos que los demás nos proporcionen lo que necesitamos y si no lo hacen nos sentimos frustrados o enfadados. Como vemos la mayor parte de nuestros problemas vienen dados por el hecho de  querer mantenernos en nuestra burbuja confortable.

¿Y que ocurre cuando salimos de nuestra zona de confort?
Si conseguimos salir de ella y tratamos de ver las cosas de una forma más abierta, menos centrada en nosotros mismos, nos vamos a sorprender al darnos cuenta de que cuando  alguien hace o dice algo,  no va realmente en contra nuestra, sino de su propio dolor, de su miedo, de la confusión o del deseo que siente el mismo.

Cuando sentimos  el impulso puntual de hacer algo, ver una película,  entrar en Facebook o comer algún dulce, vemos que se trata de una sensación física pasajera y no el centro del universo. Nos damos cuenta entonces de que nuestros deseos son triviales y que hay muchas más cosas que hacer que  centrarnos en esos pequeños placeres y luego sentirnos culpables, hay cosas  más importantes que nuestros pequeños miedos, como ver el dolor y el sufrimiento de los demás y sentir compasión por ellos, deseando que el mundo sea un lugar mejor. Dejamos de centrarnos en nosotros mismos, adquirimos una visión más amplia y abierta de nuestro mundo y todo  cambia, dejamos atrás los miedos, la rabia y nos ponemos manos a la obra para cambiar de hábitos, buscando actividades que nos llenen verdaderamente.

Esa nueva amplitud de miras  es lo que nos va a enseñar aquello que hemos venido a hacer en esta vida. Vamos a ver a los demás desde otra perspectiva, vamos a sentir sus necesidades y vamos a buscar la forma de ayudarles a sentirse mejor. Poco a poco iremos aprendiendo que el hecho de sentirnos nosotros mismos mejor, más saludables, no es con un propósito egoísta, sino que el cuidar de nosotros mismos es imprescindible para poder ayudar mejor a los demás y en ello vamos a encontrar motivación.

A veces podemos recaer y regresar a nuestra zona de confort por un tiempo, hasta que nuevamente conectamos con nuestra motivación lo cual nos permite salir de la zona segura y volver a camino. En ese camino no importa lo que hacemos para ayudar a los demás, la vida de encargará de enseñarnos continuamente cómo hacerlo. Lo que importa es nuestro crecimiento y al hacerlo entonces, sabemos a qué hemos venido.

Aprendemos que lo importante es crecer como personas, que la vida es un regalo, que debemos aprovecharla al máximo y que no hay nada más satisfactorio que ayudar a crear un mundo mejor.

(Inspirado por Leo Babauta)



viernes, 26 de septiembre de 2014

Haciendo de nuestra vida un arte

Cuando observamos a nuestro alrededor, nos damos cuenta que algunas personas tienen una vida mejor que otras, no me refiero aquí al nivel material exclusivamente, sino a su calidad de vida.

Encontrar calidad de vida es todo un arte que requiere cultivar ciertas cualidades como la apertura mental, la curiosidad, la confianza, la aceptación y cierta capacidad discriminatoria para  ver la realidad tal y como es sin autoengaños.

Todo esto nos conduce a poner en práctica unas capacidades que nos acercan a un nivel de excelencia que nos puede permitir conseguir que nuestra vida se convierta en una obra de arte.

Algunas de estas capacidades  que podemos ir desarrollando son :

La compasión : en lugar de sentirnos enfadados o frustrados, podemos ver el dolor de los demás y compartirlo, en el más puro sentido de la palabra y esta compasión también la puede uno aplicar a sí mismo.

La gratitud : La vida nos deja siempre algo bueno, aunque a veces disfrazado… busquemos ese lado bueno de la vida y sintámonos agradecidos en lugar de quejarnos.

El riesgo con “alegría expectante” : Con esto me refiero a esos momentos en los que experimentamos una mezcla de alegría y cierto temor, cuando hacemos algo que nos obliga a salir de nuestra “zona de seguridad” poniéndonos en la tesitura de  sentirnos muy motivados, pero también enfrentándonos a la posibilidad de  que algo falle. Como cuando nos atrevemos a realizar un sueño.

Salir de nuestra zona de seguridad. Ese estado o circunstancias que nos mantienen en la jaula de oro de la seguridad, el preferir lo malo conocido antes que lo bueno por conocer, que nos limita y nos asfixia. Intentemos salir de esa zona de seguridad, superando el malestar que nos produce, dando pequeños pasos hacia aquello que nos llama.

Vivir el presente. Esto suena muy bonito pero no es nada fácil. Intente mantenerse durante un solo minuto sentado con los ojos abiertos y atento a todo lo que ve y oye, evitando que su mente  se vaya por las ramas. Si consigue mantener su mente a raya o bien tiene practica en el ejercicio de la Consciencia Plena (Mindfulness) o no se ha dado cuenta de que su mente se iba…

Las relaciones son muy importantes. Todo aquello que tenemos, que hacemos, que pensamos no es nada sin las relaciones, estas son la fuente de todas nuestras posibilidades de experiencia y crecimiento en la vida.

Evitar crearnos expectativas y prejuicios. Esto es una fuente de insatisfacción que nos impide vivir las cosas tal y como son, perdiendo  muchas oportunidades de todo tipo. De modo que es conveniente reconocer esas expectativas y esos prejuicios y  soltarlos antes de que hagan mella en nosotros.

Aprender a soltar. Aquí radica la esencia del arte de vivir : soltar todas nuestras expectativas, prejuicios, deseos de  tener razón, de controlar, soltar  el miedo a la inseguridad, a fallar, a aburrirnos, dejar de compararnos con los demás, de buscar todo tipo de evasiones, de sentirnos enfadados, de quejarnos… Soltar, soltar y soltar todo eso.

Pues aquí tienen la técnica del arte de vivir, ahora nos toca ponerla en práctica, pero no olviden que al igual que en las otras artes, la perfección no existe, se trata de soltar y volver a soltar, caer y volver a levantarse sin fustigarnos. El arte de vivir es el arte de mejorar.
 (Inspirado por Leo Babauta)


viernes, 23 de mayo de 2014

Buen viaje


Hay momentos en la vida en la que el horizonte parece cubrirse de nubarrones muy oscuros. Una mala noticia, la pérdida de un trabajo, repentinas dificultades financieras, un accidente, una relación problemática, un diagnostico negativo, ya sea propio o de un ser querido y toda esa supuesta paz y estabilidad que tanto esfuerzo nos costó levantar se viene abajo en unos segundos. Sí así es la vida un flujo continuo de cambios, un camino jalonado de cuestas y pendientes que tenemos que recorrer y no siempre con los zapatos más adecuados.

Todos nos hemos preguntado alguna vez, ¿porqué es tan complicada la vida?
Y yo pienso, no será que la pregunta está equivocada y deberíamos preguntarnos ¿para qué es tan complicada la vida?

Mi opinión es que todos venimos a esta vida a aprender o mejor dicho a adquirir consciencia. Si nos fijamos mínimamente  en todo lo que nos rodea y nos ocurre, en todas las personas que nos encontramos en el camino, nos damos cuenta de que estamos continuamente aprendiendo, descubriendo cosas que nos llevan a madurar y conocernos mejor, tanto a nosotros mismos como a los demás.

Tal vez debamos quejarnos menos por aquello que nos molesta, nos duele y aprender a conocerlo para poder integrarlo o afrontarlo mejor, a veces dando un rodeo. Tal vez debemos mirar las cosas de forma menos superficial y ser más pacientes para descubrir el secreto de lo que nos quieren enseñar… Tal vez así encontraremos más  flores en el camino.


¡Buen viaje!.



viernes, 8 de marzo de 2013

¿Hay vida antes de la muerte?


Todas las preguntas que se suscitaron aquel día en la reunión pública estaban referidas a la vida más allá de la muerte. El Maestro se limitaba a sonreír sin dar una sola respuesta.
Cuando, más tarde. Los discípulos le preguntaron por qué se había mostrado tan evasivo, él replico:
- ¿no habéis observado que los que no saben qué hacer con esta vida son precisamente los que más desean otra vida que dure eternamente?
- Pero ¿hay vida después de la muerte o no la hay?, insistió un discípulo.
- ¿Hay vida antes de la muerte? ¡Esta es la cuestión! – replico enigmáticamente el Maestro.
Fuente: ¿Quién puede hacer que amanezca? de Anthony de Mello





viernes, 7 de diciembre de 2012

Pase lo que pase, disfruta de la vida, o no... tu elijes


El rodillo de la crisis con toda su crudeza nos afecta a todos, a unos más que a otros, por supuesto. Sin embargo, la forma de afrontarlo es una cuestión personal. La persona optimista y positiva, después de tomar consciencia de las limitaciones y dificultades con las que  se encuentra, siempre va a tratar de buscar una salida a sus problemas de forma positiva. 


Toda su vida cambia, pero eso, aunque asusta, no siempre es malo, en los cambios muchas veces surgen oportunidades. Oportunidades de encontrar nuevas soluciones, de abrir nuevos caminos y sobre todo de ampliar la frontera de nuestras propias limitaciones, de aprender más sobre nuestras posibilidades, sobre nosotros mismos, o sea de crecer como personas.

Siempre nos han hablado del libre albedrío, de la posibilidad de elegir y es precisamente en estos momento difíciles cuando tomamos consciencia de que es cierto. Siempre tenemos la posibilidad de convertir cualquier problema en un drama más terrible aún o en una oportunidad, todo va a depender de la actitud de cada persona.

El hecho de esforzarnos y trabajar más y más, es  muy duro ya lo sabemos, y a veces tampoco resuelve del todo, pero si conseguimos dedicar también unas horas a un hobby a una afición que nos apasiona, o pasar un rato agradable con nuestra gente, lograremos quitarle algo de hierro al asunto y disfrutar durante unos momentos de nuestra vida.

¿Entonces porqué no centrarse un poco cada día en todas esas pequeñas cosas que conforman grandes momentos de nuestra vida y nos hacen felices? Siempre estamos a tiempo de aprender a valorarlas y disfrutarlas para encontrar en ello la fuerza que nos permite seguir adelante en los momentos difíciles.

Ya sé que muchos dirán que se encuentran cansados para hacerlo o que no merece la pena, esa es su elección. La diferencia está en vivir todo el tiempo amargados o buscar por algún momento un poco de relajación o distracción que les va a ayudar a abrir su mente, a ver las cosas desde otra perspectiva y sentirse mejor.

A lo largo de una vida son muchas las cosas que podemos hacer, con las que podemos disfrutar, tal vez necesitemos un poco de organización, de planificación de nuestros objetivos pero sobretodo necesitamos motivación, auténticas ganas de hacerlo y aprovechar todas las oportunidades que nos lleven en esa dirección. No es fácil, por supuesto, pero sí, es factible. Podemos hacerlo en lugar de lamentarnos; el momento  oportuno es YA!  Que cada uno decida y ponga manos a su Obra.





viernes, 2 de noviembre de 2012

¡Es hora de despertar a la vida!

 Es posible que algunos de ustedes conozcan el experimento que se realizó hace algún tiempo, en el cual un violinista estuvo tocando conocidas obras clásicas en una estación del metro  de Washington a las 8 de la mañana de un frío día laborable del mes de enero, como lo haría  cualquier músico callejero. Mas de mil personas circularon delante de él  en la hora punta para tomar el metro en dirección a sus lugares de trabajo. Tan solo  unas pocas personas constataron su presencia y  en los 45 minutos que estuvo tocando, tan solo 7 personas se pararon para escucharle. Cuando terminó de tocar nadie lo  reconoció, ni agradeció su música y de las más de 1000 personas que pasaron delante de él, tan solo una lo reconoció, los demás ni siquiera sospecharon que era el famoso violinista Joshua Bell que estaba tocando con un Stradivarius de 1713 y que tan solo dos días antes había dado un concierto muy cotizado en un teatro de Boston.

El experimento lo realizó el Washington Post en el marco de una investigación sobre la percepción, los gustos y la prioridades de actuación de las personas.
Las hipótesis de  dicha investigación eran las siguientes :

  •   ¿Somos capaces de percibir la belleza en un entorno  habitual a una hora  inapropiada?
  •    ¿Solemos pararnos para apreciarla?
  •   ¿Somos capaces de reconocer el talento en un contexto inesperado?


Una posible conclusión de esto es la siguiente :

Si no tenemos tiempo de pararnos para escuchar a uno de los mejores músicos del mundo tocando algunas de la más hermosas partituras que se conocen, ¿Cuántas otras cosas excepcionales pasamos por alto a lo largo de nuestro quehacer diario?

Será tal vez porque: “La belleza es un estado de animo”, (Emilio Zola) ó desgraciadamente, porque: “Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe. Eso es todo”. (Oscar Wilde)

Les deseo una semana llena de pequeñas cosas excepcionales.


viernes, 6 de julio de 2012

Claves para hacernos mayores y felices (4)



Podemos hacer que la vejez sea una etapa fructífera. Las generaciones que tienen hoy entre 60 y 70 años, sabemos lo importante que es el adaptarnos a los cambios para sentirnos bien o simplemente poder integrarnos en la sociedad y en la vida.

Si bien el proceso  de envejecimiento no evoluciona de la misma manera en todos, depende de muchos factores, genéticos, ambientales, socio-económicos pero sobretodo de nuestro carácter. Depende de cada un@ el poder desarrollar nuestra capacidad de ser felices ¿cómo? Veamos algunas claves :

  •     Desarrollar una forma de pensar más libre y  con un mayor sentido de la tolerancia
  •     Ser optimistas, y mantener el buen humor, tratando de relativizar las pruebas de la vida, buscando siempre las ventajas de lo que nos enseñan,  sobre los inconvenientes
  •     Evitar vivir anclados en el pasado y tener proyectos de futuro aunque sea a medio o corto plazo
  •     Olvidarse del resentimiento, liberarse de aquellas emociones reprimidas, de recuerdos dolorosos, aprender a perdonar y a perdonarse
  •     Evitar el aislamiento, lo cual no implica poder disfrutar de momentos de soledad creativa
  •     Mostrar disponibilidad cuando los demás necesiten nuestra compañía o nuestro consejo
  •     Evitar a toda costa  el aburrimiento y la tristeza.
  •     Relacionarse con personas cuya conversación nos resulte interesante y motivadora
  •     Fluir realizando actividades que agradables y apasionantes
  •     Mantener la alegría. Al parecer en idioma hebreo la misma palabra “Guil” significa edad y también alegría.


Por lo que respecta al miedo a la muerte, podemos prepararnos mentalmente y también espiritualmente, según nuestras creencias, ya que son dos aspectos a tener en cuenta para sentirnos en paz. Para ello podemos usar técnicas de relajación, mediante la respiración y también de meditación o mediante la oración. Varias investigaciones han demostrado que con tan sólo diez minutos de meditación podemos rebajar de dos puntos la tensión arterial sin necesidad de tomar  medicamento alguno.

Todo esto nos puede ayudar para sentirnos más felices y serenos y disfrutar de esta etapa de la vida. No olvidemos que  saber envejecer bien  consiste en aceptar lo imprevisto del presente, sin lamentar lo que tuvimos en el pasado. Aceptar de vivir  de forma diferente conociéndonos, siendo conscientes de nuestras carencias, adaptándonos para  dar lo mejor de uno mismo.

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viernes, 29 de junio de 2012

Aceptar envejecer (3)

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La vejez no es una enfermedad, es un proceso vital. Es evidente que a medida que van pasando los años, algunas de nuestras capacidades físicas van menguando, cambia también nuestra situación profesional, personal y familiar y tenemos que enfrentarnos a las nuevas realidades que  surgen día a día en nuestras vidas, todo lo cual exige una enorme capacidad de adaptación.  Sin embargo el envejecer tiene también sus ventajas, para mucho  supone una liberación de la obligación de trabajar, la cual debería reemplazarse por la voluntar de estar ocupados, ya que disponemos de más tiempo para hacer muchas de aquellas cosas que nos gustan y que hemos ido posponiendo; también es fin de las vagas y frustrantes ilusiones, nos volvemos más pragmáticos, mas realistas y nos encontramos ante la expectativa de empezar la aventura una nueva de vida afrontando nuevos retos para aprender y emprender nuevas actividades y dedicarnos a todo aquello que nos queda por descubrir...

Muchas de las cosas que antes eran fundamentales en nuestra vida, ahora van pasando a un segundo plano y podemos usar esa energía para otras cosas. Podemos expresar nuestra creatividad, una creatividad madura, que se convierte en la esencia de lo que somos, de lo que hemos vivido, de nuestra experiencia y que podemos transmitir a los demás, a las nuevas generaciones a través de alguna actividad de carácter técnico, artesanal o artístico.

Los años han dejado huellas, las arrugas, ese testimonio esculpido en nuestra piel representan todo lo que hemos vivido, bueno y lo menos bueno… Cada etapa de la vida tiene su forma y su expresión, no tiene sentido pretender parecer lo que no somos, es decir jóvenes físicamente hablando, aunque anímicamente seguimos siéndolo; sobretodo nosotras las mujeres, debemos aceptar el paso del tiempo y aspirar a un tipo diferente de belleza, una belleza  que sale de dentro y que irradia seguridad, confianza y sabiduría.

El hecho de hacerse mayor implica la responsabilidad de crear cada uno su propia realidad de vida en esta etapa de la vida, porque hacerse mayor, o sea, envejecer es un proceso que toma tiempo, a los humanos nos ocurre como a los buenos vinos, los mejores, los más sabrosos, son aquellos que han ido madurando poco a poco, durante años, en las mejores condiciones. Por eso insisto en que conviene empezar a preparar esta importantísima última etapa de nuestra vida con cierta antelación, al acercarnos al final de la madurez, empezando por cuidar un poco más de nuestra salud, tanto física como mental adoptando hábitos saludables, fomentando en nuestro tiempo libre aquellas actividades recreativas que más nos llenan y nos gustan, sin dejar de aprender algo nuevo cada día, evitar estancarnos, por pereza o miedo, adaptarnos a los nuevos tiempos, sin perder nuestros valores, ni nuestros principios, manteniendo nuestra curiosidad, nuestra motivación por conocer y conocernos cada día más, buscando el llegar a ser mejores personas.


viernes, 22 de junio de 2012

Podemos elegir cómo envejecer (2)



Desde la psicología el punto de partida está en uno mismo. Si queremos cambiar el mundo, primero tenemos que cambiar individualmente, al menos algunos patrones internos.

Y es que la vejez puede experimentarse como un obstáculo para vivir o como una nueva etapa que nos permite abordar nuevas experiencias gratificantes.

Poco podemos hacer, aportar o cambiar si no modificamos nuestra forma de percibir nuestro entorno o de pensar sobre lo que somos o cómo somos. Porque reconozcámoslo, honestamente, no resulta nada fácil aceptar que estamos envejeciendo. Para muchas personas esto es una fuente de miedos y produce mucha de angustia, lo cual repercute en todo lo que les rodea, para esas personas el paso de los años  ya no se asemeja con el crecimiento y la evolución sino con deterioro, jubilación, rechazo y muerte.

A los niños y adolescentes, no les preocupa en absoluto la vejez, de hecho cuando están con personas mayores sienten que pertenecen a mundos distintos. Sin embargo, cuando uno alcanza la etapa de la madurez, empieza a tomar conciencia al ver envejecer a sus padres.

Curiosamente, un@ tiene la impresión de que no cambia, de que siempre está igual, por mucho que se mire en el espejo, parece que los que cambian son los demás, el mundo, etc… Pero envejecer es algo ineludible y al llegar a esta etapa, podemos hacer dos cosas :

1) Aceptar e ir envejeciendo en paz o
2) Volvernos unos  quejicas, cuando nos entra el miedo y la rabia por sentirnos apartados.

De modo que si no queremos vivir amargados todos estos años que aún nos quedan, tenemos que hacer algo.

El miedo a envejecer, es también el miedo a la cercanía de la muerte.  Cuando perdemos a un ser querido especialmente en esa etapa de la vida, nos obliga a reflexionar sobre el sentido de nuestra propia existencia y esa reflexión puede llevarnos también a revisar lo que ha sido nuestra vida desde la infancia, recordándonos las cosas que realmente son importantes. Precisamente el hecho de saber que nuestra vida se acerca al final, en lugar de producirnos angustia debería de motivarnos a entender que cada día, cada momento es una  oportunidad que se nos ofrece de ser felices.

La etapa del envejecimiento no puede separarse de las demás etapas de la vida, la vejez forma parte de nuestro viaje por la vida y debemos prepararnos por la última etapa del camino.

Prepararnos mentalmente, incrementando la autoestima y también porque no, espiritualmente, según las creencias de cada uno. Estos son dos aspectos a tener en cuenta para sentirnos en paz. Para ello podemos usar técnicas de relajación y también de meditación o mediante la oración realizada de forma consciente. Se ha observado científicamente que con sólo diez minutos de meditación podemos bajar dos puntos la tensión, y eso sin necesidad de tomar  medicamento alguno.


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