Un maestro zen le pidió a su
discípulo que limpiara el jardín del monasterio. El discípulo limpió el jardín
y lo dejó en un estado impecable. El maestro no quedó satisfecho. Le mandó
hacer de nuevo la limpieza una segunda vez, luego una tercera. Desalentado, el
pobre discípulo se quejó:
- Pero, maestro, no hay
nada más que poner en orden, ¿que limpiar en este jardín? ¡Todo está hecho!
- Falta
una cosa – respondió el maestro.
Sacudió un árbol y algunas
hojas se desprendieron, tapizando el suelo.
- Ahora el jardín está
perfecto – concluyó.
Maestro: El orden
perfecto sólo existe al lado del desorden. El orden total en un jardín mata el
jardín




