Dentro de unos días se cumple un
año desde que te fuiste para siempre y sin preaviso. El tiempo ha pasado, y no ha habido un solo día
en este año sin pensar en ti, cualquier cosa me lleva a ti. Todo este tiempo ha
estado lleno de recuerdos, tu sonrisa en una foto, una conversación con algún amigo o conocido tuyo, el sonido
de tus palabras que resuenan en mi mente, tus expresiones, cariñosas, a menudo
irónicas, tus enfados ante situaciones injustas, tus sueños e ilusiones que tratabas
siempre de cumplir cuanto antes, con prisas, como si intuyeras que el tiempo se
te acababa.
Te echo tanto de menos! A veces
bajo de la nube y me siento como en el desierto, un desierto donde me siento
perdida, observo y escucho un mundo sin sentido, lleno de incongruencias, a menudo carente de solidaridad y de empatía
con los que más lo necesitan y que tanto te molestaba a ti también, un mundo
que nos abruma con su doble moral, sus políticas injustas, lleno de hechos
cargados de violencia gratuita y me siento cansada y desencantada.
Pero la vida sigue, hay que
caminar por ella y no dejarse arrastrar, afortunadamente me quedan otros seres
queridos y gracias a ellos, poco a poco me re-animo, comparto sus ilusiones, trato
de emprender nuevos caminos que me ayudan a tocar tierra en todos los sentidos;
en el figurado al bajar poco a poco de la nube de profunda tristeza hacia la
que me ha proyectado tu ausencia y también en lo real, ya que encuentro
consuelo y paz al cuidar de nuestra pequeña huertita y del jardín, viendo
crecer verduras, frutos y flores que me enseñan mucho y me permiten conectar
con la bondad, la generosidad, la belleza de las cosas sencillas y la creatividad desinteresada de la
madre Tierra que devuelve con creces las pequeñas atenciones que le dedicamos.
El tiempo pasa, pero tu siempre
estás en mi corazón. Te quiero.
Françoise Mascaraque

